“Un paso más en el fortalecimiento académico de nuestra Universidad”

LA YARARÁ

La yarará grande, guazú o víbora de la cruz (Bothrops alternatus), tiene un largo que puede llegar a más de un metro y medio. El color predominante en su cuerpo es el castaño claro y tiene una serie de manchas muy particulares con forma de riñón o de “tubo de teléfono” de color castaño oscuro dispuestas de manera dorso-ventral. Cada una de estas manchas está rodeada de una línea blanca. La cabeza es oscura con líneas blancas. Algunas de estas forman una figura de tridente o cruz (lo que le vale el nombre vulgar de “víbora de la cruz”). Como es característico en los representantes de su familia, la misma es triangular con un cuello bien marcado, el cuerpo grueso y la cola corta y cónica. Ventralmente es blancuzca con una línea oscura en el cuello y la parte anterior del cuerpo. En seguida se prolongan dos líneas paralelas de pequeñas manchas oscuras que alcanzan la región anal.
Sale a cazar principalmente al atardecer, tiempo en la que abundan los roedores, tales como ratones de campo y cuices.
Su mordedura provoca una dolorida y aguda acción local con hemorragias sistémicas y necrosis de tejidos. El veneno se difunde por la sangre o el torrente linfático. Esto produce efectos que comprometen a todo el organismo. Por esta característica es una serpiente que infunde mucho temor en el hombre, el cual la elimina apenas la encuentra. Se la puede considerar como la única serpiente venenosa de nuestra zona. Naturalmente no es agresiva y tiende a alejarse si no es hostigada. Tal vez esto explique los escasos accidentes ofidicos que se registran.

La imagen que acompaña esta entrada, corresponde al Ing. Fernando Raffo, apasionado fotógrafo de la naturaleza de la ciudad de Colón, Entre Ríos.