“Un paso más en el fortalecimiento académico de nuestra Universidad”

LA MARIPOSA

Se conocen 200.000 especies de mariposa.

Una mariposa sólo puede volar si su temperatura corporal es de más de 30 ºC. Por debajo de esta temperatura, la mariposa no podrá volar y morirá o bien entrará en estado de letargo.

Las polillas, sin embargo, aunque no son tan coloristas y llamativas, algo así como las cuasimodo del mundo mariposil, son mucho más resistentes y, en general, nocturnas. Pero no le cortes nunca las antenas a una polilla: inmediatamente chocará con las paredes y caerá al suelo, pues las usan como sensores de orientación espacial.

Las mariposas lucen muy bonitas, pero tienen poco ojo estético. Son extremadamente miopes y no saben calcular bien las distancias. Pero, como compensación a su agudeza visual, ven casi en 360 grados, tanto en vertical como en horizontal.

Los vistosos dibujos de las alas sirven más para asustar a los pájaros que para atraer a las posibles parejas. Lo que realmente llama la atención de una mariposa hembra son las escamas iridiscentes de las alas de los machos. Dispuestas según el característico dibujo de “ocelo”, reflejan la luz ultravioleta cuando el macho agita rápidamente las alas y crea un efecto estroboscópico. Sumado a las embriagadoras ráfagas de feromonas, la hembra queda literalmente hipnotizada.

Pero volvamos a las discriminadas polillas. Muchas especies de polillas se alimentan de las lágrimas de animales más grandes, que son un caldo sorprendentemente nutritivo a base de agua, sal y proteínas (como nuestro sudor, una sustancia del agrado de las mariposas).

Cada capullo de seda de la polilla (gusano de seda) produce un hilo de seda de 915 metros. Para confeccionar un quimono, los chinos, que durante 3.000 años fueron los únicos que supieron extraer seda de la polilla Bombix mori, se necesitan nada menos que 2.000 capullos de seda.

Y por último, una curiosidad lingüística: a diferencia de la mayoría de animales, los términos para referirse a “mariposa” en las lenguas europeas no se parecen entre sí: en alemán es schmetterling; en francés, papillon; en inglés, butterfly; en italiano, farfalla; en portugués, borboleta; y en neerlandés, vlinder.

Vía | El pequeño gran libro de la ignorancia (animal) de John Lloyd

Crédito: GENCIENCIA




"LA GENTE QUIERE LO QUE AMA"



por Jean Michel Cousteau

Cuanto más recuerdo a mi padre, Jacques Cousteau, y su legado, más cuenta me doy de que sigue siendo parte de nuestra época y de lo diferentes que podrían ser las cosas si le hubiéramos escuchado con más atención. Fue un pionero que echó abajo barreras con sus inventos, como el Aqualung y las cámaras subacuáticas, pero también un visionario en el sentido de que comprendió las consecuencias de las tendencias de las que fue testigo. Previó los riesgos de la tecnología nuclear y de sus residuos; predijo las devastadoras consecuencias de la pesca abusiva, de la sobreexplotación del hábitat y del cambio climático; habló sistemáticamente del crecimiento de la población y de las tensiones del sistema natural.

Jacques Cousteau, junto con mi hermano y conmigo mismo, fundó una de las primeras organizaciones ecologistas para dar a conocer los problemas que nos íbamos encontrando y para educar a la opinión pública internacional. Escribió para las Naciones Unidas el borrador de los 'Derechos de las Generaciones Futuras' como vehículo para expresar el principio de sostenibilidad y de gestión responsable de los recursos. Constantemente puso su brillante intelecto al servicio de soluciones globales. Nunca dejó de hacerlo hasta que, por decirlo con sus propias palabras, se quedó 'desconectado'.

Ejerció otro poder que es muy poco frecuente: de una manera poética, dio sentido a lo incomprensible y nos proporcionó a cada uno de nosotros una forma de observar el mundo que hacía posible la acción. Por ejemplo, en una orilla aislada del Amazonas, justo cuando acabábamos de soltar una nutria marina a la que habíamos llamado Cacha, mi padre se volvió hacia mí y, desbordado por la emoción, me dijo: «Jean-Michel, la gente protege lo que ama». Eso ha representado para mí el lema del trabajo de mi padre y un símbolo del compromiso que todos nosotros debemos asumir con el mundo que nos rodea.

Carta de Jean-Michel Cousteau a su padre al cumplirse 100 años de su nacimiento.

DIA MUNDIAL DEL MEDIO AMBIENTE



5 de junio, un día más del año, pero tiene algo en particular; se celebra el Día Mundial del Medio Ambiente. Es una circunstancia puntual para reiterar la reflexión sobre los males que sufre el planeta gracias a sus privilegiados y omnipotentes ocupantes.

Tal vez en nuestra condición de adultos tengamos la impresión que poco nos queda por hacer para preservar la casa grande en que vivimos. Nada más equivocado. Seguimos comprometidos y en condiciones de agilizar nuestro esfuerzo para equilibrar nuestra situación consumista con la de valorar y cuidar la riqueza natural que languidece.

Es preocupante lo que estamos dejando para las generaciones futuras. Por suerte los niños y jóvenes nos están demostrando una visión salvadora y genuinamente nos exigen mayor responsabilidad y compromiso.

¿QUIÉN DESCUBRIÓ EL MICROSCOPIO?


Leo Icaria
Seguramente, el microscopio óptico sigue siendo, hoy en día, la principal herramienta para la investigación citológica.
Desde los primeros microscopios hasta los actuales, el microscopio óptico ha conocido muchas configuraciones distintas, perfeccionándose hasta permitir, en nuestros tiempos, una gran variedad de aplicaciones adicionales.
Curiosamente, cuando se investigan los orígenes del microscopio, a pesar de la excelencia de dicho instrumento, no se encuentran respuestas definitivas, siendo muy díficil atribuir la invención del microscopio a una sola persona.
En general, suele atribuirse la paternidad del microscopio simple a Anton Van Leeuwenhoek (1632-1723), un comerciante holandés sin apenas estudios. Van Leeuwenhoeck construyó muchos microscopios a lo largo de su vida, que, según cuentan, no prestó nunca a nadie. Son conocidos sus descubrimientos pioneros sobre los protozoos, los glóbulos rojos, el sistema de capilares y los ciclos vitales de los insectos. Desde un punto de vista tecnológico, parece lógico pensar que los microscopios compuestos, con dos lentes, habrían evolucionado a partir de los microscopios simples, con una sola lente, como los construidos por Van Leeuwenhoek.
Sin embargo, históricamente se conocen microscopos compuestos desarrollados en épocas anteriores a Van Leeuwenhoek.
Algunas fuentes, atribuyen a Galileo Galilei (1564-1642) la invención del primer microscopio compuesto, el “occhiolino”, presentado al rey de Polonia, Segismundo III, en 1612. Galileo Galilei se preocupó por dar un primer impulso a la difusión del microscopio; a pesar de ello, parece probado que no fue él quien lo inventó. Algunos autores, reivindican la invención del microscopio compuesto, en 1590, por parte de los holandeses Zacharias Janssen (1588-1638) y su padre Hans Janssen, fabricantes de anteojos. Según un relato, con aires de leyenda, Zacarias Janssen descubrió el microscopio en su infancia, mientras jugaba con otro niño con lentes dañadas en el taller del astrónomo e inventor alemán Hans Lippershey (1570-1619). Sosteniendo dos lentes ante sus ojos en dirección a la veleta de la iglesia local, vieron como ésta parecía acercarse.
Precisamente, Lippershey, es otro de los nombres que se barajan entre los posibles inventores del microscopio compuesto, de quien se dice que vió en el juguete de los niños, un útil instrumento para hacer dinero, bautizándolo como “tubo óptico”. El diplomático holandés William Boreel, testificaría poco después que Lippershey había robado la idea del instrumento a Zacharias Janssen, cuando éste tenía sólo 2 años de edad.

Finalmente, otro de los supuestos inventores podría ser el médico holandés Cornelius Drebbel (1572-1633), a quien también se relaciona con la invención del primer submarino.
El término “microscopio” fue creado por el italiano Giovanni Faber de Bamberg (1574-1629), miembro de la Academia de los Linces (una de las primeras academias científicas del mundo), en analogía con el ya conocido telescopio.
Tomado de GENCIENCIA